El protagonista de la historia es la dorada estatua de un príncipe llena de valiosos adornos, que se encuentra en lo alto de una columna desde donde puede ver toda la ciudad; y una golondrina, que ha retrasado su migración a Egipto por haberse enamorado de un pelo largo, castaño y rizado junco. La golondrina se posa sobre la estatua y ve que el príncipe está llorando a causa de las injusticias que puede observar desde su posición, pues cuando vivía siempre le hicieron creer que todo el mundo era feliz, y le habían ocultado que también había gente que tenía problemas, y ahora, desde allí arriba, podía ver la triste realidad, realidad que es confirmada por la golondrina, de la cual se hace gran amigo día a día, pues le ayudará en su misión de ir a ayudar a los más necesitados.
Wilde es considerado uno de los dramaturgos más destacados del Londres victoriano tardío; además, fue una celebridad de la época debido a su gran y aguzado ingenio. Hoy en día, es recordado por sus epigramas, sus obras de teatro, su única novela El retrato de Dorian Gray, y la tragedia de su encarcelamiento, seguida de su muerte prematura.

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